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Mostrando entradas de abril, 2010

'El mundo de Roche', de Robert L. Forward

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El mundo de Roche. Rocheworld. Robert L. Forward. 1990
Utilizando las ecuaciones matemáticas como guía, Claro◊Blanco◊Silbido le dio a una porción de su cuerpo la forma de una esfera y se concentró. La blanca sustancia del pensamiento del interior de ésta fluyó al resto de su cuerpo, dejándola convertida en un claro gel. Se concentró un poco más y la superficie de la esfera expulsó agua hasta dejarla convertida en una bola densa y clara.Con un leve ajuste, la esfera de gelatina se volvió en una tosca lente y los puntos distorsionados se convirtieron en discos más pequeños.

Claro◊Blanco◊Silbido contempló con su recién inventado "ojo" las estrellas multicolores del cielo y se maravilló.

A mediados del siglo XXI, una veintena de astronautas, entre militares y civiles, emprenden el primer vuelo interestelar de la Humanidad, dirigiéndose hacia la estrella de Barnard. Que se encuentra a 5.9 años luz de nuestro sistema solar, o 5.5E13 Kilómetros, algo así como 55,000,000,0…

'Sueño temerario', de Roger Levy

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Sueño temerario. Reckless sleep. Roger Levy. 2001.

En el siglo XXII nuestro planeta ya no tiene muy buena pinta. Un acomodamiento en las placas tectónicas provoca terremotos masivos y continuos en toda su superficie. Además de eso, la reactivación de los volcanes provoca fumarolas, el humo y el polvo lo inundan todo. 
El mundo tuvo una oportunidad, se encontró un planeta adecuado para sustentar la vida humana, Dirangesept, se enviaron colonizadores que fueron inmediatamente aniquilados. En este mundo paradisíaco existían seres nativos extremadamente agresivos. Se envío una segunda expedición, militar esta vez. Un grupo de jóvenes soldados expertos en combate virtual comandarían unos robots llamados autoides a control remoto desde órbita. Estos soldados serian conocidos como los Guerreros Lejanos. Los guerreros Lejanos reciben una buena tunda por parte de los autóctonos, cuando pierden toda su existencia de autoides, regresan a la tierra vencidos, con estigmas psicológicos y graves t…

'El profeta guerrero', de R. Scott Bakker

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El profeta guerrero. The warrior prophet. R. Scott Bakker. 2004
Y de repente se dio cuenta de que había creído al dunyaino, creído que había cometido un error.
Y sin embargo, así era con frecuencia: creer y no creer. Se acordó de cuando escuchaba al viejo Haurut, el memorialista utemot que le enseñaba versos de niño. En un momento Cnaiur estaba barriendo la Estepa con un héroe como el gran Uthgai y al siguiente estaba viendo a un anciano destrozado, borracho de gishrut, atrancándose con frases de mil años de antigüedad. Cuando uno creía, el alma se movía. Cuando uno no creía, se movía todo lo demás.
-No todo lo que digo -dijo el dunyaino- puede ser una mentira, scylvendio. ¿Por qué insistes en creer que yo te engaño en todo?
-Porque así -gritó Cnaiur- no me engañas en nada.
Precaución: No debes continuar leyendo si no deseas conocer parte del argumento del primer libro del Principie de Nada, "En el principio fue la oscuridad".
En la tierra de Eärwa, en la re…

'El Glamour', de Christopher Priest

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El Glamour. The Glamour. Christopher Priest. 1984 Glamour    1. Sustantivo. Un aire de encanto irresistible, romántico y excitante, especialmente cuando es engañosamente  atractivo.    2. Arcaico. Un hechizo; encantamiento.

 La palabra Glamour proviene de Escocia, como una variante de la palabra inglesa grammar (gramatica). Y el significado era basicamente el mismo que para el español, el estudio de las formas adecuadas en el uso de las palabras. En la Edad media solamente algunas pocas personas sabian leer y escribir, por lo que las palabras representaban algo magico y misterioso.
-Mirame, Richard. Observa todo lo que hago.
Se quitó el jersey de color beige y lo dejó caer sobre la cama. Durante unos segundos se quedó desnuda, enderezando una de las mangas para poder ponérsela. Se lo pasó por sobre la cabeza levantando los brazos, y enseguida sintió el olor del cuerpo de Richard, mezclado con el aire mohoso del cajón. Sacó la cabeza afuera y se estiró el jersey sobre los pechos. Era …

'Ciudad Abismo', de Alastair Reynolds

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Ciudad Abismo. Chasm City. Alastair Reynolds. 2001
-Yo no lo hubiera matado. Quería que me llevara a cazar serpientes. Había algo tan patéticamente egoísta en aquella respuesta que probablemente fuera verdad. –Bueno, supongo que has perdido tu oportunidad. –No tuve nada que ver, Tanner. –Pero ha pasado en tu territorio, ¿no? Estuvo a punto de responder y yo a punto de preguntarle qué habían hecho con el cadáver y qué pensaban hacer con él, cuando la imagen de Vásquez se disolvió en estática. En aquel mismo instante se vio un potente relámpago que pareció salir de todas partes al mismo tiempo y bañó todas las superficies en un enfermizo resplandor blanco. Duró solo una fracción de segundo. Pero fue suficiente. Aquella fuerte explosión de luz deslustrada tenía algo inolvidable; algo que ya había visto una vez. ¿O más de una vez? Durante un momento dudé; recordé los claveles de luz blanca floreciendo en la oscuridad estelar. Explosiones nucleares. La iluminación del ascensor disminuyó un…

'Tropas del espacio', de Robert A. Heinlein

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Tropas del espacio. Starship Troopers. Robert A. Heinlein.  1959
- ¡A salto de rana! Números impares, ¡Adelante!.
Eso me evitaba toda preocupación por unos veinte segundos, de modo que salte sobre el edificio mas cercano, me coloque el lanzador sobre el hombro, halle el blanco y apreté el primer gatillo para que el cohete-bomba pudiera fijarse en su blanco, luego apreté el segundo gatillo, eche un beso al cohete que ya salia y salte de nuevo a tierra.
Fui saltando sobre la siguiente fila de edificios, mientras estaba en el aire, barrí con el lanzallamas la primera fila junto al rio. Parecían ser construcciones de madera, de modo que era el momento de iniciar una buena fogata. Con un poco de suerte, algunos de esos almacenes contendrían petroleo, o incluso explosivos. Al tirar, los lanzadores sobre mis hombros arrojaron dos pequeñas bombas H.E. a un par de metros a cada lado, a mi flanco derecho e izquierdo, pero nunca vi el resultado pues, justo en ese instante, dio en el blanco mi pr…

'El hombre hembra', de Joanna Russ

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El hombre hembra. The female man. Joanna Russ.1970.
Deje en casa mis sonrisas y mi alegre risa. No soy una mujer, soy un hombre. Soy un hombre con cara de mujer. Soy una mujer con mente de hombre. Todo el mundo lo dice. Y se sin sombra de esperanza que el destino de toda mujer es ser espejo y cebo, sirviente y juez, la terrible Radamanta para la cual el hombre ha de actuar, pero cuyo juicio no es humano, la vagina dentada y el osito de peluche que ganara si pasa la prueba.
Me marche -siempre femenina, como dicen los hombres- y llore mientras conducía, y llore a un lado de la carretera (porque no veía y podía estrellarme), y aullé y me retorcí como solo se hace en los romances medievales, porque el coche cerrado de una mujer es el único sitio donde puede estar sola (si no esta casada) y el aullido de una loba se extiende por el mundo, y el mundo lo encuentra cómico. Si vuelven a hablarme de vestidos bonitos me suicido.

No hay vuelta atrás una vez que se ha leído el libro. Joanna Russ…

'En alas de la cancion', de Tomas Disch

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En alas de la canción. On wings of song. Thomas Disch. 1979
«Lo que nuestros antepasados puritanos no acertaron a reconocer», escribía Van Dyke, «es la aplicación evangélica de estas percepciones. Porque si llegamos a ser como somos mediante fingimientos, entonces la forma de convertirnos en buenos cristianos, devotos y píos (lo que, admitámoslo, es una empresa que bordea lo imposible) es fingir ser buenos, devotos y píos. Estudiar el papel y ensayarlo enérgicamente. Debe parecer que amas a tu prójimo, y no importa que le odies a muerte. Debe parecer que aceptas el sufrimiento, incluso si estás redactando tu nota de suicidio. Debes decir que sabes que tu Redentor vive, aunque no lo sepas en absoluto. Al cabo, decirlo hace que suceda.» 




A mediados del siglo XXI la sociedad norteamericana se encuentra profundamente dividida. El medio Oeste se encuentra dominado por fundamentalistas cristianos, el gobierno secular débil  pero represivo en la coste Este, y las demás regiones bastante par…

'Dilvish el Maldito', de Roger Zelazny

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Dilvish el maldito. Dilvish The Damned. Roger Zelazny. 1982.
Dilvish sacó su espada.
El otro jinete se echó a reír.
—¿No sabes que mi armadura es indestructible?
—No —dijo Dilvish.
—Muy bien, pues —dijo Lance, y pareció reír entre dientes—. Estamos solos aquí, tienes mi palabra. Desmonta. Yo lo haré al mismo tiempo. Cuando compruebes que es inútil, podrás seguir vivo. Serás mi prisionero.
Desmontaron.
—Estás herido —dijo Lance.
Dilvish arremetió contra el cuello del otro sin replicar, esperando reventar la juntura. Pero la armadura resistió y no quedó en el metal ni siquiera un rasguño tras el potente golpe capaz de haber decapitado a otro hombre.
—Ahora debes reconocer que es imposible romper mi armadura. Fue forjada por las mismas Salamandras y sumergida en la sangre de diez vírgenes...
Dilvish arremetió contra la cabeza de Lance y, tras la réplica de éste, describió un lento círculo hacia la izquierda, de tal modo que su rival quedó de espaldas al caballo de acero, llamado Black.
—…

'Leyes de mercado', de Richard Morgan

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Leyes de Mercado. Market Forces. Richard Morgan. 2004.
-¿Es que no has entendido la pregunta? ¿Necesitas llamar a algún amigo? Te he preguntado qué lleva a un miembro de la raza blanca superior a meterle la polla a una negra. Sobre todo, si esa mujer negra grita, se resiste y le ruega que no lo haga.

La habitación quedó en un silencio roto sólo por los gemidos de la mujer de Dixon. Bryant se acuclilló otra vez, apretó los labios con fuerza y soltó un suspiro.

-Bien, Griff, te diré lo que vamos a hacer. No les haré daño ni a tu mujer ni a tu hijo, que al fin y al cabo no tienen la culpa de que seas un hijo de puta. Pero te voy a pegar un tiro en cada rodilla y otro en los huevos. -Jazz rompió en gritos e intentó levantarse del sillón para alcanzar a su marido, pero Chris la contuvo.

Bryant se puso en pie-. Y luego te voy a dejar ciego de un ojo. Nada de esto es negociable, así que será mejor que lo asumas. Tus amigos y tú se metieron con la negra equivocada.


 Mallas elect…